La ‘Mansión’ de 12 Millones y el Espejo de Nuestra Desigualdad
Cómo la precariedad económica se convierte en el arma perfecta para la manipulación política.
Tras la vergonzosa agresión y la amenaza de muerte proferida en el Senado, la defensa de Alejandro Moreno no fue un argumento, fue un diagnóstico. Al ser confrontado por su violencia, el dirigente del PRI no defendió su acto; en su lugar, apuntó a una supuesta "mansión" de 12 millones de pesos de su adversario.
La estrategia es tan cínica como reveladora, pero su eficacia no reside en la lógica, sino en una herida abierta en la sociedad mexicana: la brutal desconexión entre la realidad económica de la mayoría y el espejismo de la prosperidad.
La maniobra es un eco deliberado y perverso del trauma nacional que fue la "Casa Blanca". Aquel escándalo de 7 millones de dólares no fue solo un caso de corrupción, se convirtió en el símbolo del conflicto de interés y la opulencia que definieron a una era. Ahora, el PRI intenta usar ese mismo veneno como antídoto, esperando que la memoria colectiva sea lo suficientemente corta para olvidar las proporciones y los orígenes. Comparar un palacio financiado por un contratista del gobierno con una residencia adquirida tras una larga carrera política es, en el mejor de los casos, un insulto a la inteligencia.
"Pero, ¿por qué una defensa tan evidentemente deshonesta tiene alguna posibilidad de funcionar? La respuesta es dolorosa: porque la campaña mediática no apela a la razón, sino a nuestra precariedad."
Para la inmensa mayoría de los mexicanos, cuyo sueño patrimonial se cifra en juntar con esfuerzo 1 o 2 millones de pesos para una vivienda, la cifra "12 millones" no es un dato, es una provocación. Suena a una fortuna inalcanzable, a un lujo obsceno que automáticamente se asocia con la corrupción, sin necesidad de más pruebas. Los estrategas políticos lo saben y lo explotan.
La trampa es que esta indignación, aunque comprensible, está mal dirigida. La realidad del mercado inmobiliario en México pinta un cuadro muy diferente. En cualquier metrópoli del país, una propiedad de 12 millones de pesos califica como una residencia de clase media-alta, pero está a años luz del mercado verdaderamente exclusivo. Sin embargo, esta distinción es irrelevante para quien lucha por pagar una renta o aspira a un crédito de Infonavit.
Y ese es el verdadero problema que este episodio devela. La violencia en el Senado es el síntoma, pero la enfermedad es una desigualdad tan profunda que nos ha hecho vulnerables a la demagogia de los números grandes. La clase política ha descubierto que puede usar nuestra propia ansiedad económica como arma.
El Verdadero Debate
El debate urgente no es sobre el valor de la casa de un político. Es sobre por qué se ha vuelto casi imposible para un profesional promedio en México aspirar a una vivienda digna. ¿Por qué la brecha entre nuestros salarios y el costo de la vida es tan abismal que una cifra como 12 millones nos parece de otro planeta?
No caigamos en la trampa. La pelea en el Senado es inaceptable. La defensa de Moreno es cínica. Pero la verdadera tragedia es que ambos se sostienen sobre un modelo económico que nos empobrece y luego usa nuestra pobreza para manipularnos. La próxima vez que un político intente indignarnos con una cifra, la primera pregunta no debería ser sobre su adversario, sino sobre nosotros mismos: ¿por qué esta cifra me parece tan lejana? En la respuesta a esa pregunta se encuentra la clave de nuestra vulnerabilidad y, quizás, el camino para superarla.